El estado de las cosas
habla de relaciones e
interrelaciones que ni
siempre observamos.
Sí, porque
nuestra atención, canal por donde se transita la
energía vital y se da
cuerpo a las realidades,
es sintomáticamente selectiva.
Elegimos focos de
atención según nuestras prioridades de
sobrevivencia y valores
culturales.
Residen ahí nuestras diferencias.
Ellas son el producto de la
atención y la
realidad en el histórico
del tiempo.
Pero,
hay muchas cosas otras no observadas, por lo tanto, no
reales, que aquellas
construidas por
el individuo. Existe las que
ha fabricado
el otro. A este conjunto lo
llamamos universo, versos
innumerables agrupados
en uno por
cuenta del mismo proceso que los
crea: la
individualidad. No obstante,
en el universo las cosas no se
sustentan aisladas: las realidades se
permean.
Así, de alguma forma, la
realidad no observada está
contenida en aquella conocida.
Promueve con ella interacciones y
retroalimenta las
fuentes originales. Literalmente,
es en un océano donde
vivimos.
Océano de
energías.
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